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ELOGIO DEL TRÁNSITO

Los próximos días 13 y 14 de Enero de 2011 se estrena en el Teatro Monumental (Madrid) a las 20h. la última obra del compositor español más internacional, José María Sánchez-Verdú, Elogio del Tránsito.

La obra, para Clarinete contrabajo y Aurophon (instrumento inventado por el autor) investiga las posibilidades de un clarinete contrabajo y el aurophon (como  un instrumento electrónico que interacciona con (y por) los instrumentos acústicos). El Aurophon recrea el aura del sonido a través del espejo amplificado sonoro cuya fuente es el instrumento/s.

No se pierdan el recital. 

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LOS BEATLES TUVIERON LA CULPA

Después de la Conferencia de Paris en 1945, una de las tareas reparadoras ínsita en la responsabilidad cultural por parte de Alemania, fue patrocinar unos cursos en Darmstadt de “Musica contemporánea”. La consigna, al igual que la de los representantes y acólitos de la cultura secular, era, cercenar todo vestigio de un trasunto cultural procedente de un pasado caduco que había abocado a La Humanidad en el periodo de 25 años a dos guerras mundiales. La respuesta por parte de los compositores (y filósofos –T.W. Adorno también era compositor- fue un asiduo a los cursos-) en estos encuentros, tuvo la inmediatez de romper con cualquier traza y signo que diese continuidad a la “Música Romántica” (Wagner fue un post-romántico, y Hitler, malinterpretó al compositor a la vez que tergiversaba a Nietzsche -tomó a Sigfrido por el superhombre-). Nacieron de esta manera y en este momento las vanguardias musicales. Dentro de la “Musica culta”,el "serialismo integral", se instauró como un nuevo método que respondía al paradigma del Estructuralismo. P. Boulez, K. Stockhausen, I. Xenakis, L. Nono ó L. Berio, alzaron el estandarte de una nueva música que atendió a los modelos constructivistas derivados delCírculo de Viena (y de la teoría de la Gestalt): Perls, Goedel, Freud, Carnap, Popper, T. Kuhn, Wittgenstein, Anton Webern (fue el compositor rescatado) etc., fueron los baluartes utilizados para proceder a un revisionismo reconstructivo, yendo de la mano hacia al altar la Lingüística y la Antropología, para gestar posteriormente el Estructuralismo. El mundo de de la Ciencia y de la Cultura rigurosa, desdeñaba la idea de partir de cero, pues el periodo de entreguerras, había sido uno de los mas fructíferos y aperturistas de los que no existía recuerdo de tan singular y copioso ambiente intelectual, que, intentaba integrar, conjugar y convivir (y disfrutar) con todos los ámbitos científicos y artísticos de esta incipiente metodología. Pasada la Gran Guerra, nacido ya el nuevo “método”, o, toma de conciencia del conocimiento moderno –como dijo Foucault- se intentó en “todas” las disciplinas, aplicar el modelo de estructuras. Sin excluir a la Música, todos los parámetros de este arte, (tiempo, ritmo, alturas, dinámicas, intensidades, etc.) se abordaron desde una perspectiva filosófico-matemática de cuyo presupuesto respondía la aleatoriedad, “el azar” y el relativismo, comenzando de esta manera un camino de investigación para construir un nuevo lenguaje musical.
Por el contrario, el saber secular, negaba toda posibilidad de continuismo histórico-cultural, instaurándose abnegadamente en un resentimiento y desconfianza “sistemática” de los valores del pasado, y, como respuesta contracultural ante el horror del holocausto y de tan magni-fehaciente e indiscriminativo homicidio, nació el movimiento hippie (al contrario que la corriente propulsora de la posmodernidad), omitiendo esfuerzos ante toda posibilidad de restauración de un pasado, que responde ante sí mismo con la inmanencia de la evolución y el progreso (inevitablemente, el arcabuz también fue un gran invento). Así, el dogmatismo hippie hablaba: “La Historia y la Cultura han confluido en el advenimiento de la segunda revolución industrial y de la tecnología a ultranza, en un inequívoco y rotundo fracaso en cuanto a la educación de la moral y conciencia del genero humano, y, este ha sido el resultado…” Un movimiento escapista auspiciado por pseudo-intelectuales como John Lennon (¿acaso Lévi-Strauss era belicista?) abogaron por la psicodelia, las drogas y la vuelta a una prístina Arcadia (pero quemando a Homero y encumbrando a Hergé- y al “corto maltés”) negando toda posibilidad e intentona de responder responsablemente, con una argumentación puntual y con propiedad, hacia una reconstrucción de cuño historicista que pudiera sostener los albores de un futuro esperanzador. 
Mientras Habermas, Lyotard o Barthes hablaban del neomarxismo en sus universidades o en sus escritos, los Beatles asistían a las free parties con su música como anfitriona y el potenciómetro pasado de rosca. ¡Ostras! Que manera de compartir unos y otros…” 
Instaurados ya en los años 70, hacinados los hippies en la isla de Wight, se persignaban desnudos ante Zappa como telonero y amigo de unos compositores de canciones del corro de la patata como “yellow submarine, o, “ob-la-di, ob-la-da”, (vaya Dialéctica de la Ilustración…) mientras G. Grisey ya había alumbrado otra corriente dentro de la Música d’arte (lo siento, no es pedantería, esto se llama así), elEspectralismo
A Algunos intelectuales de este país (como a uno que ganó el premio Planeta) hubo que convencerles (yo mismo por mail al aludido escritor) de que, ¡no! ¡Que no! Que los Beatles no habían hecho la mayor revolución musical de todos los tiempos, que, sólo habían hecho una revolución social a través de la música. 
Por los mismos años en que los Beatles grababan sus primeras canciones, otro pseudo-intelectual, también estaba haciendo una revolución dentro del arte de la Pintura. Andy Warhol (, era grafista (publicista), que no pintor-) y su Pop-Art, secundaba a la cultura de masas. Por ende, actualmente, estamos viviendo en una época de oligofrenia auditivo-musical (y cultural). Las músicas “más actuales”, con sus megawatios dispersos por hectáreas, están destruyendo en cada concierto, docenas de cilios del caracol del oído (de ahí los pitidos que escuchamos) a millones de personas. El hecho de que tengamos actualmente una oreja (y ojeras por la mañana) cada vez más insensible e inepta hacia la organología y la acústica musical, no es un hecho casual ni azaroso, es un hecho puramente estadístico. De esta deconstrucción fisiológica, y también “cultural” (esto es lo más controvertido y discutible) y lingüística (Letter “B”), esta vez, J. Derrida no tuvo la culpa. La culpa la tuvieron los Beatles… 

PD: (“la suerte está echada”, debió de decir Marlowe cuando vio que le iban a meter la cabeza en la tinaja.)

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